Homilía del 33° domingo del tiempo ordinario (17 noviembre de 2013)

Queridos hermanos y hermanas:

            Estamos llegando hoy al final del Año de la fe, un regalo que Dios nos ha hecho a través de la iniciativa de nuestro querido Papa emérito, Benedicto XVI. ¿Qué frutos recogemos del Año de la Fe? Para saber cuáles son esos frutos, podemos recordar los objetivos del Año de la Fe. En su carta apostólica "Porta Fidei", "La puerta de la fe", Benedicto XVI fijó esos objetivos.

            El primer objetivo era: "El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo." Cada uno de nosotros puede examinar su conciencia y ver hasta qué punto está más apegado que antes al Señor. La conversión tiene que ser auténtica y renovada. Por eso, el Papa escribía: "La fe que actúa por el amor (Gal 5,6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre." Les pregunto a Uds: "En su vida de familia, en sus estudios, en su trabajo y en sus diversiones, ¿la fe es un criterio que guía sus decisiones y sus acciones?

            El segundo objetivo del Año de la fe es el compromiso de la Iglesia en la nueva evangelización. El Papa escribía: "También hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe." Nosotros como Iglesia estamos comprometidos en un camino de nueva evangelización, a través del proceso de renovación de nuestras parroquias. Pero todavía queda mucho por hacer. El Documento de Aparecida nos habló de la necesidad de una conversión pastoral. Nos dijo en el no. 370: "La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera." Como Iglesia, tenemos mucho que hacer para que nuestra pastoral sea decididamente misionera. Por eso, quiero que nuestra Iglesia del Sur ponga el énfasis en dos áreas de pastoral el próximo año: la Pastoral Familiar, porque la familia es la célula de base de la sociedad y de la Iglesia y está amenazada; la Pastoral juvenil y educativa, porque los jóvenes son vulnerables y necesitan ser acogidos, comprendidos y se les tiene que anunciar el Evangelio de una manera renovada.

            Yo sinceramente pienso que son muchos los frutos de este Año de la fe: hemos aprendido a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Hemos conocido mejor la Palabra de Dios, el Credo, el Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica. Sin embargo, hace falta siempre volver a esos textos para renovar nuestra fe. Hemos celebrado la Eucaristía con más fervor, no como una obligación, sino como "la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza" (Constitución sobre la Liturgia, 10).

            Quiero enlazar esta reflexión sobre el Año de la fe con la Palabra de Dios que hemos escuchado. Los textos de los últimos domingos antes del final del año litúrgico son textos que hablan del final de los tiempos. Esos textos proyectan hacia el futuro las actitudes que debemos vivir en el tiempo presente.

            En el Evangelio de hoy, Jesús nos hace varias recomendaciones. Quiero enfatizar dos de ellas. En la primera nos dice: "Cuidado con que nadie los engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre, diciendo "Yo soy", o bien: "El momento está cerca"; no vayan tras ellos." Siempre han habido falsos mesías, que han querido usurpar el puesto del Señor Jesús y han querido engañar a la gente. Nosotros tenemos que adherirnos solamente al Señor Jesús. Otros han anunciado el fin del mundo para tal o cual fecha. No hay que creer en esos falsos profetas: sólo Dios sabe el momento en que Jesús volverá por segunda vez para juzgar a todos y reinar sobre toda la creación.

            Jesús nos dice también que los cristianos que quieren ser fieles serán perseguidos. Así tendrán ocasión de dar testimonio. Hemos de confiar en la asistencia del Señor. "Hagan propósito de no preparar su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario suyo." Y Jesús añade: "Con su perseverancia salvarán sus almas." ¡Qué palabras más consoladoras! Mucha de nuestra gente ha mantenido su fe a pesar de las pruebas, de las contradicciones de la vida, aún de las persecuciones. Pienso aquí en los Delegados de la Palabra de Dios, a quienes recordamos hoy. El ministerio de los Delegados de la Palabra es un verdadero ministerio, más necesario que nunca, para hacer llegar la Palabra de Dios a todas las personas y a todos los rincones de nuestra diócesis. ¡Muchas gracias a todos los Delegados de la Palabra de nuestra diócesis, de nuestro país, de los países vecinos, El Salvador y Nicaragua, que nos están escuchando por radio o viendo por televisión! Sigan adelante! Nosotros, obispos y sacerdotes de Honduras y de Centro América, los apoyamos plenamente.

            También san Pablo nos exhorta a trabajar. "El que no trabaja, que no coma." Y dice una gran verdad: "Porque me he enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada." ¡Qué sentido del humor tenía Pablo! Siempre los que critican a tiempo y a destiempo son los que no hacen nada ni dejan hacer nada. "Pues a esos les digo y les recomiendo, por el Señor Jesús, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan." Eso vale para hoy también, ¿no creen Uds.?

            Finalmente, en vista a las elecciones el próximo domingo, pero también para el tiempo que vendrá después de las elecciones, nuestro querido Cardenal Oscar Andrés Rodríguez nos ha dejado una bella oración por la Patria que voy a leer ahora y que espero que sea publicada en el Fides del próximo domingo. He aquí la oración.

 

ORACION POR LA PATRIA

 

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.

Nos sentimos heridos y agobiados.

Precisamos tu alivio y fortaleza.

Queremos ser nación,

una nación cuya identidad

sea la pasión por la verdad

y el compromiso por el bien común.

Danos la valentía de la libertad

de los hijos de Dios

para amar a todos sin excluir a nadie,

Privilegiando a los pobres

y perdonando a los que nos ofenden,

Aborreciendo el odio y construyendo la paz.

Concédenos la sabiduría del diálogo

y la alegría de la esperanza que no defrauda.

Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor,

cercanos a María, que desde Suyapa nos dice:

¡Honduras! ¡Canta y camina!

Jesucristo, Señor de la historia,

te necesitamos.

 

Amén.

Seminario Menor Pablo VI