Homilía de Noche Buena (Navidad) 2013

       

  Entre las tarjetas de Navidad que he recibido, hay una que dice: "Si no nos hacemos como niños, no entenderemos la Navidad". Para entrar por la puerta de Belén, hay que agacharse bastante, sobre todo cuando uno es alto. Hay que hacerse como niño.

         El texto de San Lucas que hemos escuchado nos da primero el contexto del nacimiento de Jesús. Hay un contraste entre los poderosos de aquel tiempo y ese niño frágil. San Lucas nos habla del emperador romano César Augusto, que ordenó hacer un censo del mundo entero. Todos, pequeños y grandes, tenían que ceñirse a la obligación de inscribirse.

         José, que vivía en Nazaret en la provincia de Galilea, pero que era descendiente de David, tuvo que viajar hasta Belén, la ciudad de David, con su esposa María, que estaba embarazada. Eso representaba un viaje de más o menos 200 kilómetros. No habían buses en aquel tiempo. Y como eran pobres, hicieron el viaje a pie, y a lo mejor María montada sobre un burro.

         Luego san Lucas nos habla de manera muy escueta del nacimiento de Jesús. Va a lo esencial: "Y mientras estaban allí - o sea en Belén - le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada." Imagínense: el rey del mundo nació, no en un palacio real, sino en un pesebre de animales. No había lugar para ellos en la posada. Nosotros ilustramos muy bien este hecho en nuestras posadas.

         Además de María y de José, ¿quiénes fueron los primeros en conocer al niño Jesús? No fue gente poderosa, sino unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. La gente de aquel tiempo le tenía miedo a los pastores, porque los tenían por ladrones. Además tenían olor a oveja, que no es el olor de los perfumes de París.

         Y un ángel del Señor les comunicó la increíble noticia: "No teman, les traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor." Este es el resumen de todo el Evangelio. Este niño humilde, pobre, excluido de la posada, es el Salvador del mundo, el Mesías que va a liberar a su pueblo, el Señor del universo." De seguro los pastores quedaron boca abierta, impresionados por esta revelación.

         El ángel añadió: "Y aquí tienen la señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre." Cuando Dios se revela al hombre, siempre le da una señal. En este caso, la señal es un niño acostado en un pesebre. Dios se hizo niño. Toda esta escena la representan bien los nacimientos que hacemos en nuestras iglesias, en nuestros centros de oración y en nuestras casas. San Francisco de Asís tomó una iniciativa maravillosa al hacer el primer nacimiento. Les invito a pasar un rato de oración y de contemplación en estos días, ante el nacimiento que tienen en su casa o en la iglesia.

         Quisiera profundizar con Uds. el sentido de la Navidad, de esta Navidad.

 

         1- Primero, la Navidad es la fiesta del Amor, el amor con una A mayúscula. Navidad es la fiesta del amor, porque es el encuentro con Jesús.

 

         Me llamó la atención una oración de la Liturgia de las Horas de ayer que decía: "Dios todopoderoso y eterno, estando ya próximo el aniversario del nacimiento de tu Hijo en carne mortal, te pedimos nos hagas sentir la abundancia de su amor, que lo hizo encarnarse en el seno de la Virgen María y habitar entre nosotros.

         "Te pedimos nos hagas sentir la abundancia de su amor". El finado Rubén Amador ha escrito una canción que me gusta mucho y que dice: "¿Sabes tú qué es Navidad, qué es Navidad? Navidad es el amor de un Dios."

         Dice san Juan en su Evangelio: "Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna" (Juan 3,16).

         Cuando el Papa habló con los niños de la Acción Católica Italiana el 20 de diciembre, les dijo: “La Navidad es la celebración de la presencia de Dios que viene a estar entre nosotros para salvarnos. ¡El nacimiento de Jesús no es un cuento! Es una historia real, que sucedió en Belén hace dos mil años. La fe nos hace reconocer en ese Niño, nacido de la Virgen María, al verdadero Hijo de Dios, que por nosotros se hizo hombre. Y es en el rostro del pequeño Jesús que contemplamos el rostro de Dios, que no se revela en la fuerza o en el poder, sino en la debilidad y fragilidad de un recién nacido. Así es nuestro Dios; se acerca mucho, en un niño. Este niño muestra la fidelidad y la ternura del amor sin límites con el que Dios rodea cada uno de nosotros. Por esta razón hacemos una fiesta en Navidad, reviviendo la misma experiencia de los pastores de Belén. Junto a muchos papás y mamás que trabajan duro todos los días, afrontando muchos sacrificios, junto con los niños, los enfermos y los pobres, hacemos esta fiesta, porque es la fiesta del encuentro con Dios en Jesús”.

         2- Segundo, la Navidad es la fiesta de la familia. Así es en Honduras, en cada familia. Los adornos navideños, las comidas típicas, los regalitos, las visitas de familiares y vecinos, el desplazamiento de toda la familia a la iglesia o al centro de oración, todo esto existe para reforzar la unidad y la armonía en la familia. La Navidad nos da un mensaje de ternura y esperanza. ¡Y no hay más ternura y esperanza que la presencia de nuestros niños!

         También Navidad trae un mensaje de reconciliación. Muchas veces hay división en las familias. El que vino a reconciliar al cielo con la tierra y a los hombres entre sí, de seguro trae hoy una gracia especial para reconciliar a nuestras familias y para darnos la fuerza de desterrar cualquier clase de rencor, de resentimiento o de exclusión.

         3- Tercero, la Navidad es la fiesta de los pobres. ¡Ojalá todos tengan acceso a un trabajo digno y a una vida mejor! Hago mías las palabras del Papa Francisco este domingo en la plaza de San Pedro, donde había un grupo de manifestantes que pedía a las autoridades italianas respuestas al problema de la vivienda. El Papa no ha pasado por alto la pancarta que llevaban y ha dicho, al final del Angelus: “Leo allí, escrito en grande: “Los pobres no pueden esperar”. Es hermoso. Y me hace pensar que Jesús nació en un establo y no en una casa. Después tuvo que huir, ir a Egipto para salvar su vida. Al final, regresó a su casa, en Nazaret.

“Y yo pienso hoy, también leyendo esta frase, en tantas familias sin casa, sea porque no la han tenido nunca, o porque la han perdido por tantos motivos. Familia y casa van juntas. Es muy difícil llevar adelante la familia sin vivir en una casa. En estos días de Navidad, invito a todos, a las personas, a las entidades sociales, a las autoridades, a hacer todo lo posible para que cada familia pueda tener una casa.”

         Como pastor de esta querida diócesis de Choluteca, les deseo a todos Uds. una feliz Navidad. Que sea para cada uno de Uds. la fiesta del amor, la fiesta de la familia, y una fiesta de paz, donde compartamos también con nuestros hermanos más pobres.

Seminario Menor Pablo VI