Homilía del domingo de la Sagrada Familia

Queridas hermanas y hermanos, en particular queridas familias cristianas:

            Al meditar sobre la Palabra de Dios en este domingo, me pregunté si es actual esa Palabra para nuestras familias hoy. Primero me surgieron algunas objeciones. Por ejemplo, la Sagrada Familia vivió en otro contexto, hace 2000 años, y los problemas de aquel entonces son diferentes de los problemas de las familias de hoy. También la pareja formada por José y María vivió una situación especial como pareja, diferente de las parejas comunes, ya que María permaneció siempre virgen y José respetó su integridad. También Jesús, María y José son tan santos que parece imposible imitarlos.

            Después de estas objeciones, me pregunté sin embargo si los textos bíblicos que hemos escuchado tienen algo que decir para nuestras familias. Pues hallé varias cosas. Quiero destacar algunas.

            La primera es el amor de los hijos a sus padres. El texto del Eclesiástico que hemos escuchado es una ampliación del cuarto mandamiento que dice: "Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Yahvé, tu Dios, te va a dar." La Biblia insiste más en los deberes de los hijos que en sus derechos. Hoy tendemos a olvidar los deberes filiales. El texto del Eclesiástico nos hace ver los beneficios que cada uno saca cuando honra a su padre y a su madre: uno expía sus pecados y el Señor le escucha. El texto insiste también sobre los deberes de los hijos hacia los padres cuando llegan a ser ancianos y enfermos: no podemos olvidarlos, arrinconarlos o dejarlos a su propia suerte. "Aunque flaquee su mente- dice el texto - ten indulgencia, no lo abochornes mientras seas fuerte."

            Lo decía el Papa Francisco en el Ángelus de hoy: "Los ancianos a veces son tratados como presencias molestas. Muchas veces pienso que un signo para saber cómo va una familia es ver cómo se tratan en ella a los niños y a los ancianos." Pues amemos a nuestros padres, demostrémosles nuestro cariño mediante nuestro respeto y nuestra obediencia y, cuando lleguen a la ancianidad, mediante nuestro cuidado.

            Segundo, ¿cuál es el ambiente que debe reinar en nuestras familias? Nos lo expone la segunda lectura, tomada de la carta del apóstol San Pablo a los colosenses. "Como pueblo elegido de Dios, sea su uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellévense mutuamente y perdónense cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor les ha perdonado. Hagan ustedes lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada."

            El amor debe ser el alma de nuestras familias. Cuando hay amor, hay escucha, hay comprensión, hay perdón. Pidámosle al Señor que haya mucho amor en nuestras familias, que haya más amor. Y no olvidemos que el sacramento del matrimonio es una ayuda de Dios para vivir el amor en todas sus dimensiones en la familia. Yo les pido a las parejas que viven en unión libre o que están sólo casadas por lo civil que reflexionen en la posibilidad de casarse por la Iglesia, para recibir la gracia, o sea el auxilio del Señor para vivir en el amor en todas las circunstancias de su vida familiar.

            Vuelvo a José, María y Jesús. Ellos se han amado muchísimo. Se han amado cuando todo iba bien, y se han amado también cuando los días eran más difíciles, por ejemplo cuando tuvieron que salir como refugiados, exiliados a Egipto, porque eran perseguidos por el rey Herodes. Se han amado respetándose profundamente el uno al otro. Se han amado libremente y poniendo toda su existencia en las manos de Dios. María había dicho a Dios: "Hágase en mí según tu Palabra." José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor, sin resistirse ni un momento. Jesús en su agonía dijo unas palabras que se parecen a las de María su Madre María: "Padre mío, que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú."

            Si la familia de Jesús ha sido llamada la "Sagrada Famiia", es porque ella ha buscado el amor sobre todas las cosas y ha colocado el amor por encima de todo. Ni los contratiempos, ni los sufrimientos, ni la incomprensión, ni la tristeza, ni las angustias han faltado en esa familia, pero el amor entre sus miembros nunca ha sido destruido.

            La belleza y la grandeza de una familia reside en el amor que vive en todo tiempo y en toda circunstancia. Es en el seno de una familia que Jesús ha aprendido humanamente a amar. Durante su infancia y su juventud, ha sido testigo del amor entre José, su padre adoptivo, y su Madre María. Ese amor ha dado forma a su propio amor.

            Son sabias las familias que, hoy en día, se inspiran en la Sagrada Familia para aprender a vivir en el amor.

Seminario Menor Pablo VI