Homilía del primer domingo de Adviento en Namasigue, en las confirmaciones del sector (30 de noviembre de 2014)

Estimados hermanos y hermanas:

                  Esta semana murió un hombre muy conocido y querido, Chespirito. Ha alegrado la vida de millones de personas que lo han visto por televisión durante muchos años.

                  Hoy les quiero hablar de otra persona que vive y que colma la sed de felicidad de todos los seres humanos: es Jesucristo. En la segunda lectura de hoy, san Pablo nos dice que Dios nos dado su gracia en Cristo Jesús; Dios nos llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. Jesucristo es el amigo fiel, que nunca nos falla. A él podemos acudir en cualquier necesidad nuestra. Está a nuestro lado y camina con nosotros.

                  Él nos ha dado a conocer el amor de su Padre, que es nuestro Padre. Ya el profeta Isaías nos había hablado en la primera lectura en términos muy tiernos de Dios: "Tú, Señor, eres nuestro Padre; tu nombre es siempre es nuestro redentor." Es el Dios Padre que tiene un corazón de madre, el Dios cercano, que Jesucristo nos ha revelado. Vale la pena acudir a este Dios con confianza, en la oración. Además, Jesús nos ha enviado su Espíritu Santo, para que quede con nosotros y nos inspire. Ustedes, queridos jóvenes, van a recibir ahora el Espíritu Santo en el sacramento de la confirmación. Ustedes están plenamente conscientes de lo que van a recibir gracias a la preparación que recibieron durante todo este año y van a confirmar la fe que han recibido en el bautismo. Ustedes van a ser plenamente adultos en la fe.

                  En el texto del evangelio que hemos leído, Jesús nos dice tres veces que tenemos que velar, ser vigilantes. Eso es una actitud permanente de la vida cristiana. En la monición antes del sacramento, se les va a decir que ustedes son otros Cristos y que reflejarán el buen olor de Cristo. Les invito a ser cristianos activos y participativos en su familia: uno no puede ser luz en la calle y oscuridad en la casa. Su familia es el primer lugar donde tienen que servir a los demás. Luego les invito a participar cada domingo en la celebración de la Palabra o en la misa: allí es donde van a alimentar su fe. En la comunidad cristiana hay lugar para ejercer sus dones y servir a los demás: por ejemplo como miembros y animadores de los grupos juveniles; tienen que invitar a sus grupos a los jóvenes que están alejados de Dios. También pueden ser catequistas, animadores de Infancia Misionera, aspirantes a Delegados de la Palabra o miembros del coro de la Iglesia, etc. Lo importante es que asuman un compromiso de servicio en la Iglesia. 

                  Ustedes van a recibir el Espíritu Santo, que los va a colmar con sus siete dones. Vamos a repasar esos dones. ¿Cuáles son? La sabiduría, para actuar según la voluntad de Dios. El entendimiento, para comprender las cosas de Dios. El consejo, para poder aconsejar bien a los demás. La ciencia, no para entender las ciencias naturales, sino para entender a Dios. La fortaleza, para enfrentar todas las dificultades que pueden encontrar en su camino. La piedad, para relacionarse con Dios en la oración. El temor de Dios, no el miedo a Dios; el temor de Dios quiere decir respetarlo, amarlo y poner en práctica sus mandamientos. Hay que agradecer al Espíritu Santo por los dones que les va a regalar.

                  Ahora conviene que ustedes renueven sus promesas bautismales. Cuando fueron bautizados, no tenían capacidad de renunciar personalmente al mal y de afirmar su fe. Ahora sí pueden hacerlo. Contesten "Sí" con voz fuerte a las preguntas que les voy a hacer ahora.

Seminario Menor Pablo VI