Homilía del 27° domingo del tiempo ordinario (5 de octubre de 2014)

           

El mes de octubre es el mes de las misiones. El 3er domingo tendremos el DOMUND; allí recogeremos las ofrendas de todos los fieles para solidarizarnos con las Iglesias más necesitadas en el campo de la evangelización y de la promoción humana. El primer domingo de octubre es la Jornada Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera, que alcanza a muchísimos niños y niñas en nuestra Diócesis. Este año la Jornada tiene como lema: "Niños misioneros construyendo una Honduras de paz."

            Aquí tenemos cuatro niños que representan a los dos modelos y a los dos patronos de la Infancia Misionera. El primer modelo es Jesús, el Misionero del Padre, que ha sido enviado al mundo para salvarlo. El segundo modelo es la Virgen María, la Madre de Jesús, que dejó su pueblo de Nazaret para visitar a su prima Isabel, que estaba embarazada. María quería anunciarle a ella la Buena Noticia de que iba a ser la Madre del Mesías. El primer patrono de la Infancia Misionera es san Francisco Javier, un sacerdote jesuita, que dejó su país para evangelizar la India, las islas de Indonesia, Japón y que murió a las puerta de China. La segunda patrona es santa Teresita del Niño Jesús, una religiosa carmelita que, sin salir de su convento, ofreció su vida por los misioneros. Fíjense que ella murió joven, a los 24 años, de tuberculosis. Tenía un corazón grande como el mundo. Desde pequeña había sido miembro de la Infancia Misionera y los misioneros ocupaban una gran parte en su corazón.

            Hablemos de la Infancia y Adolescencia Misionera. Ya la Obra de la Propagación de la Fe había sido fundada en 1822 por una muchacha de Francia, Paulina Jaricot, para concientizar a todos los católicos sobre su responsabilidad misionera. A un obispo de Francia, Mons. Carlos Forbin-Janson, le nació el deseo de fundar una obra misionera específicamente para los niños. Eso sucedió en 1843, hace 171 años. Desde entonces, la Infancia y Adolescencia Misionera existe en muchos países del mundo y da muy buenos frutos. En Honduras ha sido fundada en 1988, hace 26 años, por Mons. Marcelo Gérin, el primer obispo de Choluteca, en El Paraíso, departamento de El Paraíso.

            Hay dos cosas que me llaman la atención en la Infancia Misionera. Primero es el Rosario Misionero, que tiene varios colores. En cada misterio del Santo Rosario se reza por un continente. El primer misterio tiene el color verde, se reza por el continente de África, lleno de selvas tropicales. El segundo misterio tiene el color rojo, se reza por el continente de América. El tercer misterio tiene el color blanco, se reza por el continente de Europa y por las intenciones del Santo Padre. El cuarto misterio tiene el color azul, se reza por el continente de Oceanía, que está lleno de islas en medio del océano Pacífico. El quinto misterio tiene el color amarillo, se reza por el continente de Asia, que contiene el 60% de la población del mundo y donde la mayoría de los habitantes no son cristianos, sino que pertenecen a otras religiones. Cuando se reza el Rosario Misionero, somos misioneros como santa Teresita.

            La segunda cosa que me llama la atención es la alcancía misionera. El niño misionero puede colocar su alcancía misionera en su casa, en su escuela, para poner allí el dinero que ha ahorrado privándose de un churro, un fresco, una golosina, y también para recoger la ofrenda de sus papás y de otros niños, todo esto para ayudar a otros niños necesitados en otros países del mundo. De ahí el lema de la Infancia Misionera: "De los niños del mundo... siempre amigos."

            La Palabra de Dios hoy nos muestra todo lo que Dios ha hecho por nosotros y cómo le pagamos mal a Dios. La primera lectura, tomada del profeta Isaías, es un canto de amor de un amigo a su viña. Nos narra todo lo que hizo un propietario para su viña: "Removió la tierra, la limpió de piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Y esperó que diera uvas." ¿Cuál fue la respuesta de la viña? "Dio frutos agrios." Luego el profeta aplica esta parábola a la relación entre Dios e Israel. "Él esperó de ellos derecho, y ahí tienen: asesinatos; esperó justicia, y ahí tienen: lamentos."

            Para que no suceda esto, es en la niñez cuando se adquieren los valores que son acordes con el Evangelio. Los papás tienen que ser educadores de sus niños en esos valores. Tienen que ser también ejemplos vivos de esos valores. A ellos se puede aplicar lo que dice san Pablo: "Lo que aprendieron y recibieron, escucharon y vieron en mí, pónganlo por obra." A su vez los niños pueden ser misioneros con sus papás, sus hermanos y su entorno.

            En el evangelio de hoy, Jesús nos cuenta la alegoría de los viñadores homicidas. En esa historia, el propietario es Dios. La viña es el pueblo elegido, Israel. Los labradores son los judíos que han sido infieles. Los criados son los profetas. El hijo es Jesús, que ha sido crucificado fuera de las murallas de Jerusalén. Los otros labradores son los judíos y los paganos que se han hecho cristianos, que han formado un pueblo que produzca sus frutos. Encontramos la clave de esa historia en la referencia que Jesús hace al salmo 118: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular; es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente." La muerte de Jesús en la cruz no ha sido una derrota, porque Dios Padre lo ha resucitado de los muertos y ha hecho de él la piedra angular de la nueva construcción, del nuevo pueblo, la Iglesia. Y nosotros somos la Iglesia. Jesús resucitado es el objeto y el centro de nuestra fe. Y nosotros lo tenemos que dar a conocer a todos los que encontramos.

            Bendigamos hoy al Señor por todos los niños y adolescentes de la Infancia y Adolescencia Misionera, por sus animadores y por sus papás.

Seminario Menor Pablo VI