HOMILÍA DEL CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO (20 de diciembre de 2015)

            Hoy el evangelio nos habla de la visitación de María a su prima Isabel. Tenemos que comprender el contexto de este texto. María había recibido la visita del Ángel que le anunció que iba a ser la Madre del Mesías. Y como señal el Ángel le dijo que su prima Isabel, a la que llamaban estéril, estaba embarazada de seis meses, "porque para Dios nada hay imposible". María entonces dio su consentimiento libre y consciente a la misión que Dios le asignaba: "Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".

            María entonces no se quedó tranquila en su casa, para que la sirvieran como una princesa. Inmediatamente se puso en camino y fue aprisa a la montaña. Fue a dar la buena noticia a Isabel y a ayudarle en su estado de embarazo. Escribió el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: "María es nuestra señora de la prontitud, la que sale de su pueblo para auxiliar a los demás sin demora" (288).

            La visitación fue el encuentro de dos mujeres, pero más profundamente fue un encuentro de dos hijos, Juan y Jesús. Dijo Isabel: "En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre." La visitación fue la primera procesión del Santísimo: María llevaba en su vientre al Salvador del mundo y visitaba a su prima.

            Lo que le dijo Isabel a María ensalza el lugar excelso de María en la historia, porque ha sido escogida  para ser la madre del Mesías. "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!" Son las palabras que el Ángel le había dicho a María. Son las palabras que nosotros decimos en cada Ave María. María es el ser humano que ha estado más cerca de Jesús en la tierra. Es la que está más cerca de Jesús en el cielo, por eso ella intercede por nosotros. La podemos invocar con confianza. Podemos pasar por ella para llegar a su Hijo Jesús. Como decían los antiguos: "A Cristo por María". Se llega a Cristo a través de María.

            Isabel describe a María también como una mujer de fe, que vive y camina en la fe. Isabel le dijo: "¡Dichosa tú que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá". Se necesita mucha fe hoy para enfrentar los múltiples desafíos que nos presenta la sociedad moderna. Se necesita mucha fe para ser alegres, como nos dice el Papa Francisco, en un mundo donde las malas noticias son más numerosas que las buenas.

            En Navidad, nos visitará Jesús. Tenemos que preparar nuestro corazón para recibirlo. El viene en los más pobres. No seamos como esa señora que tuvo un sueño donde Jesús le dijo que la iba a visitar el día siguiente. Entonces se puso a limpiar la casa, a preparar comida rica, a tener todo listo para recibir bien a su divino invitado. A las 7h. a.m. un anciano harapiento tocó la puerta y pidió a la señora un poco de comida. Ella le contestó: "No puedo hacer nada por Usted, porque estoy esperando una visita muy importante." A las 8h de la mañana tocó la puerta una anciana enferma, que le pedía un poco de ayuda para comprar medicina. La señora contestó: "No puedo, porque estoy ocupada. Disculpe, es que voy a recibir una visita muy importante". A las 11 a.m., la señora recibió una llamada telefónica donde una persona le  pedía un consejo. Ella le contestó que no tenía tiempo ese día para darle consejo. Al final del día, la señora estaba muy triste: "no ha venido Jesús". Entonces Jesús le dijo: "Yo te he visitado tres veces, en la persona del hambriento, de la enferma y de la persona que pidió consejo. Pero no supiste reconocerme". Como para Isabel, ¡que Dios nos dé la fuerza del Espíritu Santo para reconocer la presencia de Jesús en las personas que nos visitan!

            Navidad es una fiesta de familia. Aprovechemos este tiempo para descansar de nuestra vida ajetreada. Pasemos la Navidad en familia. Saboreemos estos momentos preciosos para estrechar nuestros vínculos con nuestro padre y nuestra madre, con nuestro esposo o esposa, con nuestros hijos. Es un tiempo para vivir la comunión en familia.

            Nosotros haremos visitas a familiares y amigos. ¡Que estos encuentros estén llenos de alegría, de paz y de solidaridad! Podemos también visitar a las personas enfermas, ancianas, abandonadas, también a los privados de libertad. Navidad es una fiesta de solidaridad, de caridad y de misericordiosa.

            Como María, seamos hombres y mujeres de fe. Centrémonos en lo esencial de nuestra fe, el nacimiento de la persona de Jesucristo, nuestro Salvador.

Seminario Menor Pablo VI