Homilías Monseñor Guy Charbonneau

Este año voy a centrar la homilía sobre la renovación de las promesas sacerdotales que nuestros sacerdotes harán hoy.

Voy a hacer tres preguntas a mis sacerdotes. La primera pregunta:

Amados hijos: al celebrar hoy la conmemoración anual del día en que Cristo, nuestro Señor, comunicó su sacerdocio a los Apóstoles y a nosotros, ¿quieren ustedes renovar las promesas que hicieron el día de su ordenación, ante su obispo y ante el pueblo santo de Dios?

El primer Jueves Santo, nuestro Señor Jesucristo instituyó la Eucaristía, comunicó su sacerdocio a los Apóstoles cuando les pidió celebrar la Eucaristía: "Hagan esto en conmemoración mía" y les dio el mandamiento del amor. Nos comunicó la gracia del sacerdocio cuando el obispo, sucesor de los Apóstoles, nos ordenó sacerdotes. Antes de imponernos las manos y de pronunciar la oración consecratoria, el obispo nos preguntó:

1- ¿Estás dispuesto a desempeñar siempre el ministerio sacerdotal en el grado de presbítero, como buen colaborador del Orden episcopal, apacentando el rebaño del Señor y dejándote guiar por el Espíritu Santo?  El ministerio sacerdotal existe en tres grados: el diaconado, el presbiterado y el episcopado. Ahora bien, el sacerdote forma parte de una familia presbiteral, que colabora con el Obispo en la misión de la evangelización. Le toca guiar el rebaño del Señor en la parroquia o en la responsabilidad diocesana que el Obispo le asigne. Y siempre tiene que dejarse guiar por el Espíritu Santo.

2- ¿Estás dispuesto a presidir fielmente la celebración de los misterios de Cristo, para alabanza de Dios y santificación del pueblo cristiano, según la tradición de la Iglesia? Los sacramentos tienen como fin la santificación de los fieles. Fueron instituidos por Cristo. No pertenecen al sacerdote. La liturgia es liturgia de la Iglesia. Los sacerdotes tienen que celebrarla según la tradición y las orientaciones de la Iglesia.

3- ¿Realizarás el ministerio de la palabra, en la predicación del Evangelio y la exposición de la fe católica, con dedicación y sabiduría? El primer ministerio del sacerdote es el anuncio de la Palabra de Dios. El Papa Francisco dedicó una sección preciosa en su Exhortación Apostólica "Evangelii Gaudium" sobre la homilía, que los sacerdotes debemos preparar con mucho cuidado: debemos ser fieles oyentes de la Palabra antes de predicarla.

4- ¿Quieres unirte cada día más estrechamente a Cristo, sumo Sacerdote, que por nosotros se ofreció al Padre como víctima santa, y con él ofrecerte tú mismo a Dios, para la salvación de los hombres? Esta pregunta concierne la espiritualidad del sacerdote: el sacerdote es otro Cristo y tiene que unirse cada día más estrechamente a Cristo, nuestro Sumo Sacerdote. El sacerdote tiene que ser el primero en dar el ejemplo en el camino a la santidad. El sacerdote no se pertenece a sí mismo, pertenece a Cristo y a la Iglesia. No sólo ofrece algo exterior a él, el pan y el vino, sino que se ofrece a sí mismo con Cristo al Padre.

5- ¿Prometes obediencia y respeto a mí y a mis sucesores? Cuando el sacerdote respeta y obedece a su obispo, imita a Cristo que se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz por nosotros. Imita a Cristo que, en su agonía, oró así: "Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres". 

            Luego viene la segunda pregunta que voy a hacer a mis sacerdotes:

¿Quieren unirse más íntimamente a nuestro Señor Jesucristo, modelo de nuestro sacerdocio, renunciando a sí mismos y reafirmando los compromisos sagrados que, impulsados por amor a Cristo y para servicio de su Iglesia, hicieron ustedes con alegría el día de su ordenación sacerdotal?

Cristo es el modelo, la figura perfecta del sacerdocio del Nuevo Testamento. Nos configuramos con él cuando somos ordenados sacerdotes. Esa configuración implica renunciar a sí mismo, como nos lo pide Jesús: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga" (Mt 16,24). No es fácil negarse a sí mismo, pero estoy seguro que el sacerdote que lo hace encuentra en Cristo su felicidad, y Cristo no lo defraudará, no lo abandonará.

Además ser sacerdote es un compromiso sagrado de toda la vida. Es dedicar todo su corazón y toda su vida a Cristo. Es un don de Dios que uno no merece y es un misterio que uno lleva dentro hasta el final de su vida.

            La tercera pregunta se refiere al ministerio de los sacerdotes:

¿Quieren ser fieles dispensadores de los misterios de Dios, por medio de la sagrada Eucaristía y de las demás acciones litúrgicas, y cumplir fielmente con el sagrado oficio de enseñar, a ejemplo de Cristo, Cabeza y Pastor, no movidos por el deseo de los bienes terrenos, sino impulsados solamente por el bien de los hermanos? 

            Los presbíteros tienen tres funciones: son ministros de la palabra de Dios; ministros de los sacramentos y de la Eucaristía; y rectores o pastores del pueblo de Dios (PO 4-6). El ejercicio de esta triple función sacerdotal requiere la santidad y a la vez la favorece. "Los presbíteros conseguirán de manera propia la santidad ejerciendo sincera e infatigablemente en el Espíritu de Cristo su triple función" (PO 13).

            Luego el obispo se dirige al pueblo y le pide que ore por sus sacerdotes. La oración es el arma más poderosa para derrotar a Satanás, el no padre de la división y de la mentira. La oración fortalece nuestra fe y nos une como Iglesia. También el obispo pide al pueblo que ore por él. Les pido encarecidamente que oren por mí, porque lo necesito para cumplir a cabalidad el ministerio que el Señor me ha confiado.