En este último día de septiembre, mes de la Biblia, hemos aprendido mucho sobre la Palabra de Dios. Su enseñanza es inagotable.

            La primera enseñanza que podemos sacar hoy es que la Palabra de Dios abre nuestro espíritu y nos lleva a un cambio de mentalidad. No podemos poner fronteras a la acción del Espíritu Santo, que sopla donde quiere. En la primera lectura, vemos cómo el Señor comunica a setenta ancianos reunidos en la Tienda del desierto algo del espíritu que Moisés tenía. Ellos se ponen entonces a  profetizar. "Profetizar" quería decir en ese momento entrar en trance, caer en éxtasis. Dos de los ancianos, Eldad y Medad, se habían quedado en el campamento; sin embargo, sobre ellos también se posó el Espíritu y se pusieron a profetizar. Josué, ayudante de Moisés desde joven, dijo a Moisés: "Prohíbeselo". La respuesta de Moisés es sublime: "¿Crees que me voy a ponerme celoso? ¡Ojalá que todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre todos ellos el Espíritu del Señor!"

            No podemos encerrar a Dios en nuestras categorías muchas veces cerradas. Dios actúa como quiere y cuando quiere. No podemos controlarlo ni imponerle nuestros criterios. El suspiro de Moisés por un pueblo de profetas se realizará en la Iglesia, que nació en Pentecostés. En su discurso a los judíos el día de Pentecostés, San Pedro muestra que en Pentecostés se realizó lo que anunció el profeta Joel: "Dice Dios: sucederá en el final de los tiempos que derramaré mi Espíritu sobre todos los vivientes. Entonces los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, sus jóvenes verán visiones y sus ancianos tendrán sueños". Hemos recibido el Espíritu Santo en el bautismo; en la confirmación hemos recibido la plenitud del Espíritu Santo. Hemos sido capacitados para anunciar el Evangelio ahí donde estamos, con nuestra palabra y con nuestro testimonio de vida.

            "Los jóvenes verán visiones", decía el profeta Joel. El Papa llamó al principio de este año a unos 300 jóvenes al Vaticano a un pre-Sínodo, donde ellos expresaron sus anhelos, sus inquietudes, sus expectativas frente a la vida y a la Iglesia. En la historia de los dos últimos siglos, es sorprendente cómo la Virgen se apareció no a unos adultos, sino a unos niños y a unos jóvenes. Mañana celebraremos a Santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones. Es doctora de la Iglesia, a pesar de haber fallecido joven, a los 24 años de edad.

            "Los ancianos tendrán sueños", sigue diciendo Joel. Debemos soñar por Honduras, soñar por un mundo mejor, soñar por una Iglesia en salida, pobre para los pobres. Soñar y actuar, con la ayuda del Espíritu Santo. Soñar que otro mundo es posible.

            La Iglesia sigue a Cristo, sacerdote, profeta y rey. Por eso, la Iglesia desarrolla su misión en una triple dirección: primero, en la dimensión profética, proclamando la Palabra de Dios y denunciando el pecado, las injusticias y toda clase de mal; segundo, celebrando los sacramentos de la fe; tercero, encarnando en la humanidad los valores del Reino y conduciendo la humanidad hacia Dios. Este tercer aspecto se desarrolla en particular en la pastoral social. Por ejemplo, la Comisión Nacional de Pastoral escogió para este año el lema "La Iglesia cuida la casa común". Quiso poner el énfasis en la ecología integral, que todos estamos llamados a vivir, según los lineamientos de la Encíclica Laudato Si. El hermoso material que el Departamento de Biblia y Catequesis puso a nuestra disposición para este mes de septiembre desarrolla unos temas basados en la Biblia. Veamos esos temas. El Tema 1: La Biblia señala que "no somos Dios. La Tierra nos precede y nos ha sido dada" (LS 67). El Tema 2: La Biblia nos enseña que "el mundo procedió de una decisión, no del caos o la casualidad, lo cual lo enaltece todavía más" (LS 77). El Tema 3: La Biblia enseña que hay que respetar "las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios entre los seres de este mundo" (LS 68). El Tema 4: La Biblia establece claramente que la "rehabilitación implica el redescubrimiento y respeto de los ritmos inscritos en la naturaleza por la mano del Creador" (LS 71). El Tema 5: La Biblia "invita al ser humano a alabar al Dios creador" (LS 72).

            ¡Qué riqueza de sabiduría encontramos en la Biblia, que nos ayuda a estimar plenamente la vida que Dios nos ha regalado para que la desarrollemos en este mundo hermoso que ha creado! No tenemos derecho de ensuciar este mundo, tirando basura por todas partes, quemando los bosques, secando las fuentes de agua, afectando la salud de la población. Nos dice el Papa: "La mejor manera de poner en su lugar al ser humano, y de acabar con su pretensión de ser un dominador absoluto de la tierra, es volver a proponer la figura de un Padre creador y único dueño del mundo, porque de otro modo el ser humano tenderá siempre a querer imponer a la realidad sus propias leyes e intereses" (LS 75).

            El Evangelio de hoy desarrolla la misma enseñanza que la primera lectura. El domingo pasado, los discípulos discutían entre sí para saber quién era el más importante. Ahora, uno de ellos, Juan, le dice a Jesús: "Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos". La actuación de Juan revela la preocupación de la comunidad de controlar de manera exclusiva el poder que Dios le ha entregado. Las expulsiones de demonios y los milagros realizados en nombre de Jesús son unos signos de la vida que Dios regala a los pecadores y a los oprimidos. ¿Por qué entonces prohibirlos? La misión de la Iglesia es facilitar a todos los seres humanos para que reciban el Reino de Dios. La Iglesia no ejerce un monopolio sobre la Palabra de Dios y sobre los signos de Dios. El Espíritu Santo actúa de modo privilegiado en la Iglesia. Pero también actúa libremente fuera de la Iglesia. Por eso me alegro que los evangélicos celebren el día de la Biblia al mismo tiempo que nosotros. Me he encontrado con unos pastores muy abiertos y respetuosos hacia la Iglesia católica y hacia mi persona. Por eso me llama la atención lo que dice Jesús: "Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor".

            Dentro de nuestra Iglesia también estamos llamados a vivir esta frase. Las rivalidades entre las personas, entre los movimientos o entre las pastorales deberían desaparecer, porque todos debemos contribuir desde nuestros propios dones, desde nuestros propios carismas, para ejercer la misión fundamental de la Iglesia, que es la evangelización.

            Finalmente, tenemos un modelo para guiarnos en la lectura de la Sagrada Escritura. Es San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia. Celebramos su memoria hoy, 30 de septiembre. San Jerónimo vivió los últimos 35 años de su larga vida - murió a los 80 años - al estudio asiduo de la Sagrada Escritura, en un monasterio de Belén, en Tierra Santa. Él tradujo la Biblia del hebreo y del griego al latín, que era el idioma común en su época. Su traducción se llama la "Vulgata", es decir la Biblia popular. Su traducción de la Biblia ha marcado profundamente la expresión de la fe, la teología y la liturgia. También él hizo comentarios muy acertados de la Sagrada Escritura. Llegó a afirmar: "Pues si, como dice el apóstol Pablo, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios, y él que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría, de ahí se sigue que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo".

            Pidamos al Señor, por intercesión de San Jerónimo, que inspire a nuestros sacerdotes, a nuestros Delegados de la Palabra y a mí, para que cumplamos con mucho cuidado y mucha responsabilidad la delicada misión de predicar la Palabra de Dios y ayudar a que cada fiel cristiano la aplique a su vida. Pidamos también al Señor que inspire a cada familia para que la Biblia no sea un simple adorno en su casa, sino una inspiración, una fuente de vida y de amor para vivir como un hogar cristiano.