Homilías Monseñor Guy Charbonneau

La misa crismal que, como obispo de Choluteca presido y en la cual concelebran los sacerdotes de la diócesis, es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del obispo y como un signo de la unión estrecha de los sacerdotes con su obispo. Los sacerdotes son cooperadores del obispo y participan de su sagrada función, para la construcción del pueblo de Dios, su santificación y su conducción: así se manifiesta claramente la unidad del sacerdocio y del sacrificio de Cristo, que se perpetúa en la Iglesia.

Quiero recalcar primero la excelencia de nuestro ministerio. Nunca terminaremos de comprender en profundidad el don que hemos recibido. Hemos leído en la primera lectura: "Ustedes se llamarán Sacerdotes del Señor, dirán de ustedes: Ministros de nuestro Dios" (Is 61). Somos "sacerdotes del Señor; ministros de nuestro Dios": no para nosotros mismos, sino para Dios y para nuestro pueblo. San Juan confirma esto cuando nos dice en el Apocalipsis: "A aquel que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios su Padre". Esto se aplica a todo bautizado, en especial a los que Cristo ha llamado al sacerdocio ministerial, a ser sacerdotes de Dios su Padre. Agradezcámosle esta gracia que nos ha regalado. Cuando leemos el Evangelio, es Cristo que habla a través de nosotros. En la consagración llevamos en nuestras manos a Dios. Cuando celebramos algún sacramento, no lo hacemos en nombre personal, sino en nombre de Cristo Cabeza. ¡Ojalá nunca caigamos en la rutina al celebrar los sacramentos!

El texto del profeta Isaías que Jesús leyó en la sinagoga habla del Mesías, que ha sido ungido por el Espíritu del Señor. Y luego nos describe su misión de salvación y de liberación. Jesús se apropió ese texto diciendo: "Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír".

Los discípulos de Jesús fueron testigos de que significaba la entrega y disponibilidad de su Maestro para llevar la Buena Nueva a los pobres, vendar los corazones heridos, proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, consolar a los que estaban de duelo y proclamar un año de gracia a todos.

En su misión Jesús conoció también el cansancio. Hay muchas causas que pueden provocar la fatiga del camino en los sacerdotes, los consagrados y las consagradas, al igual que en los miembros de los movimientos laicales, nos dijo el Papa en Panamá. “El cansancio de la esperanza nace de mirar para adelante y no saber cómo reaccionar ante la intensidad y perplejidad de los cambios que como sociedad estamos atravesando ”. También afirmó que este “cansancio de la esperanza nace al constatar una Iglesia herida por su pecado y que tantas veces no ha sabido escuchar tantos gritos en el que se escondía el grito del Maestro: ‘Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’”.

Por eso se necesita con urgencia encontrar un pozo que pueda calmar y saciar la sed y el cansancio del camino. Por eso los invito al pozo del primer amor, cuando Jesús se cruzó por su camino, los miró con misericordia y les pidió seguirlo.

Algo semejante escribió San Pablo a Timoteo: "Te recuerdo que avives el don de Dios que recibiste por la imposición de mis manos" (2 Tm 1,6). Tenemos medios que nos ayudan a perseverar fielmente en el sacerdocio. ¿Los tomamos? La Eucaristía, la oración al Santísimo, la lectura orante de la Palabra de Dios, la Liturgia de las Horas, el rezo del Santo Rosario son medios poderosísimos que nos ayudan a ser fieles al Señor en nuestro ministerio. También nos ayudan las acciones que manifiestan nuestra comunión con la Iglesia, el "sentir con la Iglesia" como decía Mons. Romero; la obediencia a su obispo y el cuidado del don del celibato sacerdotal que hemos recibido de Dios.

En nuestros tiempos la Iglesia nos llama con urgencia como sacerdotes a comprometernos a respetar y a proteger a los menores de edad y a los adultos vulnerables. La Iglesia sufre mucho actualmente a causa de los abusos de poder, los abusos de conciencia y los abusos sexuales de varios de sus ministros ordenados y de sus consagrados.

La reciente Carta Apostólica del Papa Francisco sobre ese tema afirma que la tutela de los menores y de las personas vulnerables es parte integrante del mensaje evangélico que La Iglesia y todos sus miembros son llamados a difundir por el mundo. En la Conferencia Episcopal de Honduras vamos a elaborar unas normas de conducta en cuanto al respeto y la protección  de los menores de edad y las personas vulnerables. Quiero la "tolerancia cero" en cuanto a este tema, de parte de todos los sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral laicos que están en relación con menores.

El Papa en Panamá invitó a los obispos de Centro América a cuidar a nuestros sacerdotes. Lo quiero vivir personalmente en mi ministerio episcopal, en particular los lunes escuchando a cada uno y exhortándolos a permanecer fieles en su ministerio.

Nuestro ministerio sacerdotal nos incita a amar a las personas como Cristo lo hizo. Dijo el Papa: Hay que "amar con un corazón que se ensancha cada día" y permanecer fiel porque "el amor no es un juego": "El amor es lo más hermoso que Dios nos ha dado". Amar "es ampliar el corazón". Amar "no es sólo una expresión del vínculo emocional de una pareja o de una fuerte amistad". Una forma concreta de amor es también el compromiso de solidaridad con el prójimo, especialmente con los más pobres.

También los invito como sacerdotes a cuidar a los jóvenes. "Ellos no son el futuro de Dios, como dijo el Papa en Panamá. Son el ahora de Dios."

Pidamos a San Juan María Vianney, patrono de todos los sacerdotes, que nos ayude a amar siempre más a la Eucaristía. Él decía: "Todas las buenas obras reunidas no equivalen al sacrificio de la misa, porque son las obras de los hombres, y la santa misa es la obra de Dios".

Finalmente, les pido a Uds., queridos feligreses, que sigan orando por sus sacerdotes, su diácono, sus seminaristas y por su servidor. Muchas gracias!