Homilías Monseñor Guy Charbonneau

Jesús murió en la Cruz , en un acto infinito de amor, por nuestros pecados.

Jesús, el Hijo de Dios, murió. ¿Puede morir Dios? Los filósofos ateos del siglo XIX y XX proclamaron la muerte de Dios. "Dios murió. ¡Viva el hombre!" ¿Cuál fue el resultado de esta locura de pensamiento? Las dos guerras mundiales, donde murieron millones de personas. Pero eso sí, Dios murió en la persona de su Hijo hecho hombre.

Jesús murió en la cruz. La cruz era el peor castigo de esa época, infligido por el imperio romano, donde el condenado murió de manera horrible, por asfixia. Los judíos lo consideraban como una maldición de Dios.

Jesús murió en un acto infinito de amor. El dijo el día antes de morir. "No hay amor más grande que dar la vida  por sus amigos" (Jn 15,13). Él lo hizo en la cruz. San Pablo asumió ese hecho. "He sido crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Lo que vivo en mi carne, lo vivo con la fe: ahí tengo al Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí" (Gal 2,19-20).

Jesús murió por nuestros pecados. San Pablo afirma: "Fíjense cómo Cristo murió por los pecadores, cuando llegó el momento, en un tiempo en que éramos impotentes. Difícilmente aceptaríamos morir por una persona justa; tratándose de una buena persona, tal vez alguien se  atrevería a sacrificar su vida. Pero Dios dejó constancia del amor que nos tiene: Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores" (Rm 6,6-8).

En la cruz, según el Evangelio de San Juan que hemos escuchado, Jesús nos dejó tres regalos: su propia Madre, su espíritu y su sangre.

Jesús nos entregó su propia Madre. Dijo al discípulo que tanto quería, en presencia de María: "Ahí está tu madre". María se convirtió entonces en la madre de la Iglesia y de todos los creyentes, representados por el discípulo amado.

Jesús "inclinó la cabeza y entregó el espíritu". Esa entrega total de su espíritu fue el preludio de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, cuando según san Juan Jesús sopló sobre ellos en la noche de la resurrección y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo". Fue el preludio de Pentecostés, cuando según san Lucas los apóstoles quedaron llenos del Espíritu Santo.

En la cruz, "uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua". La sangre y el agua son los símbolos de los principales sacramentos, la Eucaristía y del bautismo. Con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia (San Juan Crisóstomo).

Démosle gracias a Jesús por habernos salvado por su muerte en la cruz. No nos quejemos de las cruces que encontramos en nuestra vida. Cuando nos suceden, nos unimos al sufrimiento redentor de nuestro Señor.