Homilías Monseñor Guy Charbonneau

El domingo pasado hemos celebrado la fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo enviado por el Padre y el Hijo sobre los apóstoles para que ellos continuaran la misión de Cristo. Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, que es el culmen de lo que Cristo nos ha revelado sobre Dios. La Trinidad no es un enigma teológico, sino el espléndido misterio de la cercanía de Dios. La Trinidad nos dice que no tenemos un Dios solitario en el cielo, distante e indiferente; al contrario, la Trinidad es el Padre que nos dio a su Hijo, el cual se hizo hombre como nosotros, y para estar aún más cerca de nosotros, para ayudarnos a llevar las cargas de la vida, nos envía su propio Espíritu. 

El, que es Espíritu, entra en nuestro espíritu y así nos consuela desde dentro, nos trae la ternura de Dios dentro de nosotros. Con Dios, la carga de la vida no permanece sobre nuestros hombros: el Espíritu Santo, a quien nombramos cada vez que hacemos la señal de la cruz, justo cuando nos tocamos la espalda, viene a darnos fuerza, a alentarnos para soportar los pesos. De hecho, es un especialista en resucitar, crear y reconstruir. Se necesita más fuerza para reparar que para construir, para comenzar de nuevo que para iniciar, para reconciliarse que para ponerse de acuerdo. Esta es la fuerza que Dios nos da, la fuerza del Espíritu Santo. Por lo tanto, el que se acerca a Dios no se derriba, comienza de nuevo, intenta de nuevo, reconstruye".  

Jesús nos dijo: Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, Él los irá guiando hasta la verdad completa. Hay muchas cosas que no podemos entender con nuestra mente limitada y con nuestra falta de amor. Pero gracias a Dios tenemos en nosotros al Espíritu Santo, que nos guía progresivamente hacia la verdad, y que nos hace rechazar la mentira, y todo lo que huele a mentira, corrupción, impunidad, hipocresía y egoísmo. Así nuestra vida se va haciendo poco a poco semejante a la de Cristo, impregnando en nosotros el rostro del amor. 

Cuando hemos sido bautizados, la Santísima Trinidad vino a habitar en nosotros. La presencia de la Santísima Trinidad en nosotros es fuente de vida interior, de oración, de comunión y de acción. San Atanasio nos ayuda a comprender cómo actúa la Santísima Trinidad en la historia de la salvación y en nuestra propia historia. En la creación, "el Padre hace todas las cosas a través del que es su Palabra, en el Espíritu Santo. De esta manera queda a salvo la unidad de la santa Trinidad. Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo transciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo transciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo..."

De la misma manera, en nuestra vida espiritual, actúa la Santísima Trinidad, cada persona según su particularidad. San Atanasio prosigue: "El Padre es quien da, por mediación de aquel que es su Palabra, lo que el Espíritu distribuye a cada uno. Porque todo lo que es del Padre es también del Hijo; por esto,  todo lo que da el Hijo en el Espíritu es realmente don del Padre. De manera semejante, cuando el Espíritu está en nosotros, lo está también la Palabra, de quien recibimos el Espíritu, y en la Palabra está también el Padre... Toda gracia o don que se nos da en la Trinidad se nos da por el Padre, a través del Hijo, en el Espíritu Santo". 

"La fe de todos los cristianos se cimenta en la Santísima Trinidad" (San Cesáreo de Arlés). La Santísima Trinidad es relación, es comunicación, es intercambio de amor. Hay una comunicación continua y recíproca entre las tres divinas Personas.

La vida interna de la Santísima Trinidad nos invita a abrir nuestra vida a los demás, a relacionarnos con el otro. El amor en la familia es un reflejo del amor que existe en la Santísima Trinidad. La vida de la parroquia y de cada comunidad cristiana tiene que fomentar la unidad en la diversidad, a imagen de la Santísima Trinidad, que es un solo Dios en la diversidad de tres personas. También a nivel del país, ¡ojalá lleguemos esta semana a un diálogo entre todas las partes en conflicto, inspirados por la Santísima Trinidad, para construir juntos una patria más justa y fraterna para el bien de todos!

Estamos reunidos en el amor del Padre, la gracia de Nuestro Señor Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo. Así, en esta Eucaristía damos gracias a Dios por su obra salvadora en nosotros y en el mundo. El nos invita a comprometernos a ser mejores hijos de Dios Padre, a ser fieles discípulos de Jesús y a dejarnos renovar por el Espíritu Santo.