La liturgia de la Palabra de este domingo nos ofrece todo un programa de vida, que nos ayuda a caminar en la fe e identificarnos con Cristo misionero. Nos muestra la importancia de que el Pueblo de Dios cuente siempre con líderes, hombres y mujeres de fe, que les puedan guiar y acompañar en su itinerario de formación como discípulos misioneros.

En la primera lectura y en el evangelio, vemos que el llamado a la misión toma su raíz en una experiencia profunda de Dios. Cuando uno abre su corazón a Dios, surge el diálogo con Él. Como dijo santa Teresa de Ávila, orar es conversar con un amigo que sabemos que nos quiere. No hay misión si no hay oración. Si ayudamos a los demás por motivos humanitarios, está bien. Pero para que sea un verdadero acto de caridad, hace falta la fe. Lo constatamos en la persona de Moisés: cuando estaba en la cumbre del monte y tenía las manos en alto, el ejército de Israel dominaba a los enemigos en el combate. Pero cuando bajaba las manos, los enemigos dominaban. Esto tiene un significado muy profundo: si bajamos la guardia y dejamos la oración, pronto van a invadirnos un montón de distracciones y pretextos para abandonar nuestro compromiso como cristianos. Pero si nos mantenemos firmes en la oración con la ayuda de otros, como Moisés quien se benefició de la ayuda de Aarón y Jur, entonces perseveraremos en la fe y en la misión.

Por eso todos los misioneros que vinieron a nuestra patria, los que salieron de acá para otras tierras y todos los cristianos que quedan aquí pero que tienen espíritu misionero, pueden cantar: "El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra". Confiemos plenamente que Dios está presente en cualquier circunstancia de la historia y de nuestra vida.

Jesús enseña a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer. La recomendación "orar sin desfallecer" aparece muchas veces en el Nuevo Testamento. Era una de las características de la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas. Para ilustrar eso Jesús cuenta la parábola del juez corrupto, que terminará haciendo justicia con una pobre viuda, para que no lo siga molestando. En esa parábola, Jesús enseña que Dios escucha siempre a los que claman a Él día y noche; les hace justicia sin tardar. Tenemos que ser perseverantes en la oración. Y para perseverar en ella, es necesario tener fe. Por eso Jesús hace una pregunta inquietante a sus discípulos: "Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?" ¿Tendremos el valor de tener paciencia, aunque Dios tarde en respondernos? ¿Tendremos el firme propósito de seguir fieles a la misión de la Iglesia, a pesar de todos los obstáculos que ella encuentra? ¿Seguiremos infundiendo la esperanza a nuestro pueblo, aún en medio de las turbulencias que vivimos actualmente? ¿Seguiremos sembrando la paz en vez del odio y de la venganza? Es necesario tener mucha fe para resistir al espíritu del mal y para actuar, a pesar de que no se vean los resultados. Quien espera resultados inmediatos, se dejará vencer por el desaliento.

La segunda lectura nos muestra como Pablo enseña a Timoteo la importancia de la Palabra de Dios para su vida. Loida, la abuela de Timoteo, y Eunice su madre que era judía y creyente, le enseñaron no sólo los contenidos de la fe, sino también cómo arraigar su vida en Cristo. Por eso, Pablo exhorta a Timoteo a permanecer firme en lo que ha aprendido y se le ha confiado. "Desde tu infancia, estás familiarizado con la Sagrada Escritura, dice Pablo, la cual puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación". En nuestras comunidades que celebran la Palabra de Dios cada domingo, el niño y el joven aprenden a amar la Palabra de Dios y a hacerla vida: por eso, la Celebración de la Palabra ha dado origen a tantas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras. De ahí viene el mandato misionero: los que hemos recibido tanto de parte de Dios, no lo podemos guardar de manera egoísta en nosotros; tenemos que compartirlo con nuestros hermanos, en particular con las personas más alejadas de Dios. Pablo exhorta a su discípulo Timoteo: "En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, te pido encarecidamente... que anuncies la Palabra; insiste a tiempo y a destiempo; convence, reprende y exhorta con toda paciencia y sabiduría". San Pablo menciona a menudo en sus cartas los servicios prestados por Timoteo a las tareas de la misión: siempre disponible y atento, acompaña con generosidad y cariño a las comunidades eclesiales. La Palabra de Dios es su fuerza y su compañía.

Apasionados por Jesucristo, debemos anunciar con audacia y alegría la Palabra de Dios a todos. La Palabra de Dios es portadora de vida, porque enseña, corrige y educa en la virtud. Por esto el misionero debe empaparse de la Palabra de Dios y ser coherente con ella con su testimonio de vida. El auténtico celo misionero no es el proselitismo violento, sino el deseo de un corazón fraterno lleno de Cristo y motivado por el Espíritu Santo a cooperar para la salvación de todos.

La Jornada Mundial de las Misiones que estamos celebrando en el Mes Extraordinario para la misión, nos recuerda que la Iglesia es misionera por naturaleza y que, por nuestro bautismo, somos enviados al mundo como misioneros. Por tanto, urge recuperar, fortalecer y animar la conciencia misionera en el pueblo de Dios. En su mensaje para esta Jornada, el Papa Francisco nos recuerda que es importante renovar el compromiso misionero de la Iglesia; hay que  volver a encontrar el sentido misionero de nuestra adhesión de fe a Jesucristo. "La vida divina no es un producto para vender - nosotros no hacemos proselitismo - sino una riqueza para dar, para comunicar, para anunciar; este es el sentido de la misión". Una Iglesia en salida exige de nuestra parte una conversión misionera constante y permanente; yo soy una misión, tú eres una misión, todo bautizado es una misión; en la Iglesia hay lugar para todo pueblo y toda cultura, que están llamados a abrirse a la comunión universal de la fe.

Oremos hoy por todos los misioneros y misioneras del mundo. Decía Benedicto XV en su Carta Apostólica Maximum Illud: "Porque ha de ser hombre de Dios quien a Dios tiene que predicar".

El Papa Francisco termina así su mensaje para hoy: "Quisiera concluir con unas breves palabras sobre las Obras Misionales Pontificias, ya propuestas como instrumento misionero en la  Maximum illud. Las OMP manifiestan su servicio a la universalidad eclesial en la forma de una red global que apoya al Papa en su compromiso misionero mediante la oración, alma de la misión, y la caridad de los cristianos dispersos por el mundo entero. Sus donativos ayudan al Papa en la evangelización de las Iglesias particulares (a través de la Obra de la Propagación de la Fe), en la formación del clero local (a través de la Obra de San Pedro Apóstol), en la educación de una conciencia misionera de los niños de todo el mundo (a través de la Obra de la Infancia Misionera) y en la formación misionera de la fe de los cristianos (a través de la Pontificia Unión Misional). Renovando mi apoyo a dichas obras, deseo que el Mes Misionero Extraordinario de Octubre 2019 contribuya a la renovación de su servicio a mi ministerio misionero.

A los misioneros, a las misioneras y a todos los que en virtud del propio bautismo participan de algún modo en la misión de la Iglesia, les envío de corazón mi bendición".

Esta Eucaristía de hoy es una Eucaristía misionera, donde damos gracias al Señor por todos los esfuerzos que se hacen en el mundo entero para apoyar a los misioneros mediante la oración, el sacrificio y la ofrenda económica. Toda las colectas de hoy, con sobre o sin sobre, estarán totalmente entregadas a las Obras Misionales Pontificias. Pidámosle también al Señor que nos haga misioneros valientes, sin miedo y alegres.