Hoy culmina el tiempo litúrgico de Navidad con la fiesta del bautismo del Señor. La vida escondida de Jesús durante treinta años terminó en el Jordán, cuando fue bautizado por Juan. Jesús no necesitaba de ese bautismo, que era un rito de purificación y una señal de arrepentimiento; pero manifestó su solidaridad con nosotros en todo. Él, que vino a instaurar el Reino de Dios, inició su ministerio no como un príncipe encerrado en su palacio lejos de su pueblo, sino que se sumergió en la realidad de la miseria humana. ¡Qué gran misterio de misericordia! Tenemos en Jesús un Dios profundamente cercano.

Nuestro Señor es digno de confianza. No sólo porque es el Ungido con el poder del Espíritu Santo, sino también porque utilizó su poder para aliviar y curar, para consolar y levantarnos. Juan tenía razón cuando dijo: "Soy yo el que necesito que me bautices, ¿y tú acudes a mí?" Juan no se consideraba digno de bautizar a Jesús. Jesús le contestó: "Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así lo que Dios quiere". Jesús quiso cumplir la voluntad de Dios en toda su vida: por ej. en el templo a los doce años, cuando dijo a sus padres: "¿No sabían que yo debo estar en los asuntos de mi Padre?" (Lc 2,49). También en su agonía, Jesús oró así: "Padre, si es posible, que se aparte de mí esta copa. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Mt 26,39). Por el bautismo, Jesús quería manifestar que quería cumplir la voluntad de Dios, que quiere salvar gratuitamente a todos los hombres. Es esto que Jesús llevará a su plenitud, en cada palabra y en cada gesto de solidaridad y de perdón con que acogerá a los pobres, a los oprimidos y a los marginados. Bautizándose con los pecadores en el Jordán, cargó sobre sus hombros solidarios todo el peso del pecado y del sufrimiento humano.

Después de pasar Jesús por ese bautismo del pueblo pecador, se abrió el cielo y el Padre lo señaló como su hijo "predilecto": "Este es mi hijo, el amado, mi predilecto". Así se cumplió el canto del Siervo de Yahvé que sufrió por su pueblo y del cual habló la primera lectura: "Miren a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu". Así la palabra del Padre indica que este Hijo es también el Siervo sufriente de Dios.

Isaías describe cual va a ser la misión y el estilo de ese Siervo: "Hará brillar la justicia sobre las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles; no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea. Promoverá con firmeza la justicia".

Jesús ha cumplido este canto del Siervo: no apagó las llamas vacilantes, más bien hizo siempre lo posible para recuperar a la oveja perdida. No tenía el estilo del grito ni de la violencia, sino el de la mansedumbre y la comprensión.

En el bautismo de Jesús se hizo presente la Santísima Trinidad: Jesús ve al Espíritu de Dios que baja como una paloma y se posa sobre él. Jesús oye la voz del Padre, que lo proclama como su Hijo amado y predilecto.

En nuestro bautismo también se hizo presente la Santísima Trinidad: fuimos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Hemos sido ungidos con el santo crisma, señal del don del Espíritu Santo. Hemos encendido nuestra vela en el cirio pascual, y el sacerdote nos dijo: "Recibe la luz de Cristo". Hemos de valorar el sacramento del bautismo, por el cual hemos sido hechos hijos de Dios, hermanos de Cristo, templos del Espíritu Santo, miembros de la Iglesia y herederos del cielo. Cada año celebramos nuestro cumpleaños. ¿Nos acordamos de celebrar el aniversario de nuestro bautismo?

En este momento, quiero agradecer públicamente al Padre Florentino González por su servicio abnegado como párroco de la catedral durante los últimos cinco años, o sea desde 2015. Lo he trasladado a la parroquia Nuestro Señor de Esquipulas: le he confiado una misión muy delicada y tengo fe que la va a cumplir a cabalidad: por favor, oremos por él y por su vicario, Padre Jaime Velásquez.

Hoy encomiendo la parroquia Catedral al querido Padre Santo Jorge Flores Estrada, que es el actual vicario de pastoral; de 2015 a 2019 ha sido párroco de San Lorenzo, de 2009 a 2014 ha sido párroco de Espíritu Santo de Monjarás. En el nombramiento que el Padre Rito Castillo ha leído al principio de la misa, se ha dado una descripción del papel del párroco, según el Derecho Canónico. Quiero destacar que el párroco es primero un pastor, porque tiene a cargo la cura de las almas y de las comunidades que se le confían. También está en comunión con el Obispo diocesano, y actúa en comunión con él, porque es colaborador de él y participa de su ministerio, que es el ministerio de Cristo: cumple la triple función de enseñar, santificar y regir. Le toca formar al pueblo en la fe, santificarlo a través de los sacramentos y regirlo, conduciéndolo hacia Dios y tomando iniciativas en bien de todos.

Ahora me dirijo directamente al Padre Jorge. Ten cuidado, Padre, de preparar bien tu homilía cotidiana, según los lineamientos que nos dio el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. Esfuérzate para que la Eucaristía sea el centro de la comunidad parroquial; trabaja para que los fieles se alimenten con la celebración piadosa de los sacramentos, de modo particular con la recepción frecuente de la Eucaristía y de la penitencia. Procura conocer a los fieles de tu parroquia, estar cerca de ellos, de sus problemas y de su vida, en especial de los pobres, de los enfermos y de los migrantes. Trabaja en comunión con los demás sacerdotes de la parroquia, con las religiosas, con los seminaristas y con los fieles laicos. Preocúpate por la formación inicial y permanente de los agentes de pastoral de la ciudad y del campo. Sé un hombre de oración, un hombre de Dios, a quien pueden acudir todos los fieles. Preocúpate de las personas y de los lugares más alejados del Evangelio, y con los agentes de pastoral haz de tu parroquia una parroquia misionera. Preocúpate de las vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y a la vida misionera, porque no pueden faltar hombres y mujeres que se dedican a tiempo completo a un pueblo tan necesitado de Dios.

Y ustedes, queridos fieles de la Catedral, oren por su párroco y por los demás sacerdotes de la parroquia. Acepten a su párroco tal como es, muéstrenle respeto, ayúdenlo con sus sugerencias, háganle caso cuando él trace alguna línea pastoral, trabajen para el cumplimiento del plan parroquial de pastoral.

Confiemos a la Inmaculada Concepción de María, patrona de esta parroquia y de la Diócesis, el ministerio del Padre Jorge. ¡Que ella, como buena Madre, sepa guiarlo como lo ha hecho con su Hijo, que es el Sumo Sacerdote de la nueva Alianza, el que nos va a regalar ahora la Eucaristía.