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Pastoral de Celebracion de la Palabra de Dios PDF Imprimir E-Mail

Introducción:

El presente texto no pretende presentar una historia completa de todo lo sucedido en la Diócesis de Choluteca, en lo referente a la Celebración de la Palabra, sino sobretodo, provocar una reflexión alrededor de unos acontecimientos que nos ayuden a entender mejor, qué es la Celebración de la Palabra y los Delegados de la misma.

A menudo escuchamos el refrán popular “recordar es vivir”, talvez no sea del todo cierto, pero sí no podemos negar, que al recordar el pasado comprendemos mejor el presente.

En 1966, nace en la Iglesia de Choluteca, una nueva pastoral basada en la Palabra de Dios y un servicio o “ministerio” nuevo que es el “Delegado de la Palabra” escribo la palabra ministerio entre comillas, porque en este punto aún no hay consenso en la jerarquía, para aplicar dicho término a los Delegados. Aunque en el Directorio de la Celebración de la Palabra de Dios, publicado y aprobado por la Conferencia Episcopal de Honduras, utilizan este término y lo aplican a la Celebración de la Palabra de Dios (Cap. I # 1 y 8 Directorio C.P.D.)


Contexto previo al nacimiento de la C.P.D.

Decía que en 1966, nace la pastoral de la Celebración de la Palabra y con ella los Delegados. Pero nada surge por pura casualidad. Detrás de todo acontecimiento hay personas, hechos y circunstancias que los generan o por lo menos, que los marcan y condicionan. Para esto y de acuerdo al testimonio del Padre Julio César Martínez, que fue un protagonista directo en esta historia, haré una rápida referencia de la década de 1955-1965.
Esta década marca una etapa muy importante para la Iglesia del sur de Honduras, aunque en esos años todavía no se podía hablar de Iglesia del Sur, pues los departamentos de Choluteca y Valle, formaban parte de la Arquidiócesis de Tegucigalpa. Fue hasta el 8 de diciembre de 1964, que se creará la Prelatura Nullíus de Choluteca, formada por los departamentos antes mencionados y siendo su primer prelado Monseñor Marcelo Gerín P.M.E. No obstante uso el término “Iglesia del Sur” porque esta porción de la Arquidiócesis, seguirá un proceso muy propio y distinto, aunque jurídicamente siga dependiendo de ella.

Como dije antes, en esta década se dan varios acontecimientos que marcarán o condicionarán la pastoral que aquí refiero.
El 25 de junio de 1955, llegan al sur de Honduras la Sociedad de los Padres Javerianos, que eran Sacerdotes de Misiones Extranjeras de Canadá, para hacerse cargo de esta porción de la Iglesia Arquidiocesana, siendo Arzobispo en aquel entonces, Monseñor José de la Cruz Turcios, quien los trae y les encarga el pastoreo de este territorio, con la colaboración de religiosas del Santo Rosario y de las Hijas de Jesús que también habían venido de Canadá.
Es importante mencionar, que el 21 de mayo de 1964, se empieza a gestar un Instituto de Religiosas hondureñas: el Instituto de las Mensajeras de la Inmaculada, que nacen por iniciativa de Monseñor Marcelo Gerín y bajo la tutela y orientación de las Hijas de Jesús. Por eso a esta comunidad se la considera como Hermana de la Celebración de la Palabra.


¿Cuál era la atención pastoral en el sur antes de 1955?

En el principio, los departamentos de Choluteca y Valle estaban divididos en siete parroquias: Goascorán y Nacaome, en Valle; Choluteca, Pespire, Orocuina, el Corpus y San Marcos de Colón por Choluteca. Pero en realidad, pocas veces (o quizás nunca) tuvieron un cura párroco permanente. Esto nos da la idea de que la atención pastoral que estos abnegados sacerdotes prestaban era muy poca, debido a lo amplio del territorio, las únicas vías de acceso a las comunidades eran los caminos de herradura, no se contaba con vehículos, pues tampoco había carreteras. Los municipios y aldeas que tenían una Ermita o Templo y que contaban con un Santo Patrón recibían la visita anual del sacerdote, quien llegaba para estarse en la localidad por dos o tres días para celebrar misa, bautismos, confesiones, primeras comuniones y algunas veces matrimonios. Las comunidades que carecían de una Ermita o un Santo Patrón, nunca les visitaba el sacerdote.

Así pues, la vivencia comunitaria de la fe en las aldeas y caseríos se limitaba a:
La celebración anual de la fiesta patronal.
Los rezos a los Santos, el mes de Maria (mayo) y el mes del Sagrado Corazón (en junio) liderados por las rezadoras y los mayordomos. También las novenas por los difuntos.
Otra festividad celebrada en las aldeas y caseríos era la Semana Santa, con sus muchas deformaciones, hasta convertirse en algo grotesco y una burla para la Pasión del Señor.
He mencionado los mayordomos, estos existían donde había una Ermita o Templo, eran los encargados de su mantenimiento y los organizadores de la fiesta patronal y la celebración de la Semana Santa, con las deformaciones mencionadas.
Aunque no se puede hablar aquí de catequistas como lo conocemos ahora, pero lo que si es cierto es que había personas sobre todo mujeres, que enseñaban la doctrina y que preparaban para la primera comunión y transmitían los rudimentos de la fe. De esa manera, las enseñadoras, los mayordomos y las catequistas eran los tres servicios que (con las salvedades apuntadas) mantenían la fe en las comunidades.


Casi a las puertas del nacimiento de la Celebración de la Palabra.

A partir de 1960 los Padres Javerianos entran en contacto con el movimiento del Apostolado de la Oración, muy desarrollado y fructífero en El Salvador. Este consistía en hacer confesión y comunión mensual el primer viernes de mes, oración diaria en familia, reunión semanal para rezar el Santo Rosario y lectura y reflexión de un texto bíblico. Todo esto era dirigido por el llamado celador del apostolado de la oración que era hombre o mujer, quien coordinaba un grupo de diez personas. Esta experiencia reforzó la catequesis.

Entre los años 1960-61, se abre en Honduras la primera Radio Emisora Católica la Voz de Suyapa y con ella las Escuelas Radiofónicas, que encuentran en el Apostolado de la Oración y sus Celadores, un terreno propicio para iniciar con el proyecto de enseñar a leer y escribir a los que no saben.

En 1964, se crea la prelatura nullíus de Choluteca y el nuevo prelado, Monseñor Marcelo Gerín, toma posesión el 8 de diciembre del mismo año. ¿Cómo no recordar a este gran Obispo y primer pastor de esta Iglesia? que desde su nombramiento como prelado de Choluteca, hacia fines del Concilio Vaticano II, se dio por tarea principal de poner en práctica las grandes orientaciones renovadoras del Concilio, logrando contagiar a cada una de las parroquias del sur con el Espíritu nuevo de Pentecostés que ya soplaba en toda la Iglesia y en Monseñor Marcelo, que en sus empresas apostólicas no se contentaba con seguir caminos trillados. Gracias a este espíritu sanamente innovador, Monseñor Marcelo inició las Celebraciones de la Palabra de Dios, que luego fueron reconocidas como un movimiento (hoy ministerio) privilegiado en la Pastoral rural de Centroamérica.

Podemos decir con certeza que Monseñor Marcelo fue un hombre de Iglesia, un auténtico testigo del Concilio Vaticano II. Como él mismo lo expresaba, la renovación del Concilio ha sido el gozo y aliento en mis veinte años de pastoreo.


Nacimiento de la Celebración de la Palabra de Dios.

Si la década de los 55-65, fue un período decisivo para sentar las bases de esta nueva pastoral, la década de 1966-76 será la del nacimiento, consolidación y extensión de la C.P.D.
¿Cómo nace? La Celebración de la Palabra de Dios nace con el fin de celebrar dignamente la Semana Santa, que como lo señalaba antes, se había desfigurado y hasta profanado con prácticas poco o nada relativas a la fe. Por eso, en el inicio, los primeros diecisiete varones llamados por Monseñor Marcelo, fueron preparados específicamente para eso. Dicho envío tuvo lugar un Domingo de Ramos, con fecha 27 de marzo de 1966. Pero, ¿qué pasó después? Como dice el refrán popular, el hombre propone, pero es Dios quien dispone, el Espíritu Santo ya tenía su plan. Los primeros diecisiete y a petición de las comunidades, regresan y piden mas formación y material para seguir celebrando con la comunidad los domingos y días festivos. Así pues, nace una nueva pastoral y un nuevo servicio, la C.P.D. y los Delegados de la Palabra, para celebrar los domingos y llevar la Palabra a la comunidad, pero pronto la primera finalidad se cambia por una pastoral de Evangelización y de desarrollo comunitario. Pues el Evangelio potenció el surgimiento de líderes que se capacitaron integralmente en función del desarrollo comunitario. Muy pronto las comunidades entendieron que su fe no podía estar desarraigada de lo cotidiano y tampoco podían buscar un desarrollo desconectado de la dimensión cristiana.

Retrocediendo un poquito en la historia, hemos dicho que los primeros Delegados fueron solo varones. Esto se debe a que se respiraba un ambiente muy marcado por el machismo, pues los rezos y novenas estaban en manos de mujeres, el varón se excluía de esta práctica y cuando asistía se quedaba afuera chisteando, jugando naipe y hasta bebiendo guaro.
Así que en el inicio si solo se llamó a varones para ser Delegados, no fue por discriminación hacia la mujer, sino como estrategia para hacer entrar al varón en el compromiso. Mas tarde, habiéndose logrado el objetivo, ya se permitió que haya también mujeres en el Ministerio de la Celebración de la Palabra.


Un rápido crecimiento.

No es tan fácil explicar con precisión por qué creció tan rápido el ministerio de la C.P.D. pero debemos recordar que el apostolado de la oración tenía como centro la Eucaristía y puso a la gente en contacto con la Palabra de Dios y el trabajo realizado por la Escuelas Radiofónicas, podemos ver que no se trató solo de rezar, sino que abarcó toda la vida de la comunidad, la organización y la promoción comunitaria que desde el inicio impulsó la C.P.D. sin duda que esto ayudó mucho a su crecimiento, extensión y estructuración. Pues pronto se creó en Choluteca el Equipo Central de la Celebración de la Palabra, que luego se le llamó Equipo de Promoción de Comunidades Cristianas, a quien se le delegó la responsabilidad de elaborar material y dar formación a los Delegados, en un principio en la diócesis de Choluteca y rápidamente fue la Diócesis de Juticalpa que adoptó el movimiento naciente y simultáneamente en otras diócesis de Honduras fue adoptada esta nueva pastoral. Al ir abarcando a otras diócesis, se ve la necesidad de una coordinación a nivel nacional y los Obispos crean el Equipo Nacional de la C.P.D. y se empiezan a realizar, de forma alterna, en las diferentes Diócesis, los encuentros nacionales cada año.
Los procesos de capacitación pronto hacen que se sienta la necesidad de emprender otras acciones relativas a la pastoral como: las organizaciones campesinas, las cooperativas y la conquista de la tierra.

En septiembre de 1967, se abre el Centro de Capacitación la Colmena, para la formación de líderes comunitarios, lo cual será decisivo para el desarrollo y la promoción en las comunidades, porque como el nombre lo dice, los que ahí se forman son como abejas al vuelo, a trabajar.

Es innegable que la cosecha pronto fue abundante. El 7 de mayo de 1967, nace el primer Club de Amas de Casa, los que rápidamente se extienden a toda la diócesis. Y serán de gran apoyo para la C.P.D. y los Delegados.
En 1968, se fundan los primeros clubes juveniles campesinos, con jóvenes Delegados e hijos de Delegados. Mas tarde, surgirán de estos semilleros las primeras vocaciones sacerdotales y religiosas, del propio seno de la comunidad cristiana y de las familias de los Delegados. De ahí han salido los sacerdotes hondureños con que cuenta la Diocesis de Choluteca.
Se abre la Radio PAZ, Voz del Desarrollo. Inicia también el programa radial de la C.P.D. dirigido por Delegados.

Todo lo que hemos señalado hasta aquí, parece que el proceso fue tan fácil y que el Delegado encontró una total receptividad, pero no fue así. Su liderazgo pronto entra en conflicto con los demás servicios ya existentes en la comunidad, porque el sacerdote está mas en contacto con el Delegado que con el mayordomo. Este último se llenó de celo que ya no quería abrir la Ermita para que se celebrara la Palabra el domingo. De la misma manera estaban las rezadoras, que se sentían marginadas y sin la debida orientación, los Delegados no las tomaban en cuenta, olvidando que ellas antes de todo, habían mantenido viva la fe con el rezo del Rosario. Claro, el Equipo Central de la C.P.D. no previno esta situación y las mismas comunidades no tuvieron el cuidado de no hacerlas a un lado de un solo; la gente fue aceptando más la Celebración que poco pedían el Rosario para sus novenas. Todo esto causó muchas heridas que poco a poco se han ido superando, pero lo mejor hubiese sido prevenirlas.

Pero estos no fueron los únicos problemas o los más grandes. Los más serios tendrán origen en los grupos dominantes y sobre todo del gobierno que se había militarizado. Para esto influyó mucho el surgimiento del Partido Demócrata Cristiano que con buena o mala intención utilizó con fines partidistas a los grupos eclesiales, sobre todo a nivel campesino, lo que culminó con la gran masacre de los Horcones, en Olancho, en 1975, donde murieron dos sacerdotes, algunos Delegados y varios campesinos.

La promoción realizada por la Celebración de la Palabra de Dios y los Delegados, trajo serios conflictos y son varios los que respondieron con su vida a su compromiso cristiano.

 
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